“Fue como apagar el televisor. Un segundo antes todo funcionaba y lo siguiente que supe es que estaba rodeado de médicos y enfermeras con los pies en el aire y enchufado a una bolsa de sangre. Me preguntaban: “¿Cómo te sientes? Te perdimos durante un minuto”, relata un hombre que ha estado a las puertas de la muerte o que, más bien, se fue para volver y ahora poder contarlo.

Se trata quizá de la pregunta más antigua y a la vez más humana que existe: ¿hay vida después de la muerte? Llevamos buscando la respuesta desde tiempos inmemoriales, lo que ha dado lugar a religiones, teorías y sobre todo mucha especulación. Pero por muchas conjeturas que el ser humano pueda desarrollar a lo largo de los años, la cruda realidad es que nadie sabe con certeza qué ocurre en ese “te perdimos durante un minuto”.

Recuerdo haber pensado en mi vida, pero no como si fuese un montaje de fotografías, sino más como si pasase las páginas de un libro

Las investigaciones al respecto aseguran que ciertos patrones se repiten, como la luz blanca y radiante, la sensación de desconexión con el cuerpo, el largo túnel o una intensa paz interior. Incluso un estudio de la Universidad de Nueva York afirma que la conciencia humana no desaparece inmediatamente después de la muerte. Lo que significa que, en teoría, alguien podría escuchar cómo los médicos anuncian su propio deceso. Sin embargo, estos ‘papers’ no cuentan con muchas experiencias personales o al menos no las describen con todo lujo de detalles. Para ello, un hilo del portal de ‘Reddit’ recoge varios testimonios. Si es o no lo que de verdad ocurre en el limbo, nunca lo sabremos. Lo que está claro es que no hay dos historias iguales.

 

Uno de estos usuarios comenta que hace cinco años se sometió a una cirugía importante. Comenzó a sangrar y estuvo en un estado de muerte clínica durante varios minutos.

“Me desperté en un lugar que parecía el espacio, pero no había estrellas ni luz. Ni siquiera estaba flotando, tan solo tenía conciencia de estar ahí. Tampoco sentía frío, calor, hambre o cansancio, sino algo más neutral y pacífico. Sabía que una luz cercana me atraía, pero no tenía ninguna necesidad de ir hacia ella en ese momento. Recuerdo haber pensado en mi vida, pero no como si fuese un montaje o una sucesión de fotografías, sino más como si estuviese remoloneando entre las páginas de un libro. Sea lo que fuere, sigo teniendo miedo a morir, pero no me preocupa el qué pasará después”.

Otro hombre cuenta que sufrió un accidente de moto a más de 80 kilómetros por hora. Los médicos le dieron por muerto durante el traslado al hospital. “Tan solo recuerdo haberme caído en la carretera y que todo se volvió negro y silencioso. No me dormí porque pasó algo verdaderamente extraño. Abrí los ojos y me encontré a mi hermano sentado cerca de donde yo estaba. Él había muerto por sobredosis hacía ya unos años. Miraba su reloj y me decía algo así como ‘van a llegar pronto’. Me gustaría poder dar más detalles, pero honestamente no recuerdo mucho más sobre el incidente”.

No hubo luces blancas, ni apagón, ni sueños ni visiones, tan solo me apetecía dormir

“Recuerdo como si algo me arrastrara hacia atrás, muy lentamente, como si fuese la corriente de un río. En un momento dado empecé a ver un jardín, sin flores, tan solo polvo y hierba. También una zona de juegos, con niños, un chico y una chica. Es difícil describirlo, pero sentí que podía quedarme si era lo que yo quería. Me dije a mí mismo que no quería abandonar a mi madre y finalmente volví a mi cuerpo. Mi corazón estuvo parado durante seis minutos”, señala un tercer comentario.

Un usuario asegura que sufrió complicaciones durante sus meses de tratamiento y quimioterapia: “La peor parte de todo es lo pacífico que resulta. Es como la sensación tras haber atrasado la alarma a las siete de la mañana. Puede que lo hagas una o dos veces pero recuerdas que has de ir al colegio o a trabajar y que el sueño tendrá que esperar, porque todavía te quedan muchas cosas por hacer”. Por otro lado, siempre hay quien tiene una experiencia de lo más ‘normalita’:

“No hubo luces blancas, ni apagón, ni sueños ni visiones, tan solo me apetecía dormir. Según dicen, pregunté 10 veces qué me había pasado tras el accidente”.

Si algo distingue a los seres humanos del resto de animales es que todos sabemos que, en algún momento, va a acabar nuestra vida; al menos tal como la hemos conocido hasta ahora. Existen numerosos estudios que apoyan la teoría de que la vida después de la muerte sí existe, pero el respetado físico y cosmólogo Sean Carroll, profesor en el Instituto de Tecnología de California, afirma que es imposible la existencia de cualquier cosa después de morir.

El doctor asegura que “conocemos por completo las leyes de la física que subyacen a la vida cotidiana”, y todo tiene que ocurrir en esos márgenes. Carroll dice que para que hubiera algo después de la muerte, la conciencia tendría que estar completamente separada de nuestro cuerpo físico.

 

Los médicos declaran la muerte del paciente cuando deja de respirar, cesan los latidos de su corazón y no se detectan ondas cerebrales durante varios segundos. El sentido común nos dice que una vez que el órgano falla, la sangre ya no circula al cerebro y, por lo tanto, los monitores no pueden detectar actividad alguna.

Si la vida continuase tras la muerte, el campo cuántico habría revelado partículas y fuerzas espirituales

Sin embargo, la conciencia, en el nivel más básico, es una serie de átomos y electrones que nos da nuestra mente. Las leyes del universo no permiten que estas partículas funcionen después de nuestra muerte física. “Las afirmaciones de que alguna forma de conciencia persiste después de que nuestros cuerpos mueran y se descompongan en átomos constituyentes se enfrenta un gran obstáculo insuperable: las leyes de la física que subyacen a la vida cotidiana. Todo debe suceder en esos márgenes, y no hay manera, en esas leyes, de permitir que la información almacenada en el cerebro persista después de que muera”, explica Carroll.

Para su evidencia, el doctor apunta a esta disciplina de la física que aplica los principios de la mecánica cuántica a los sistemas clásicos de campos continuos, por ejemplo, el electromagnético. En resumen, es la creencia de que existe un espacio para cada tipo de partícula.

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