El equinoccio de primavera es un día cargado de simbolismo. Ya sea desde la ciencia, desde la magia, o quizá sólo desde los sentidos, es un instante que no pasa desapercibido para ninguna conciencia ni cuerpo, y que es vital en más de un sentido.

El equinoccio de primavera, que este 2019 ocurrirá el 20 de marzo a las 21:59 horas (UTC), marca el inicio de la primavera, con el Sol en el ecuador y saliendo exactamente por el este y poniéndose por el oeste. Es el fenómeno astronómico donde la noche es igual al día (excepto en los polos) y que, si estuviéramos flotando en el espacio, nos permitiría ver nuestro planeta perfectamente dividido entre luz y oscuridad.

 

Así, este día es parte de la peculiar trayectoria elíptica de la Tierra alrededor del Sol durante el año, y se repite para marcar la entrada del otoño en septiembre.

Por donde queramos verlo, el equinoccio de primavera es una dualidad, algo que es sin duda parte de su importancia simbólica, que ha trascendido a todas las culturas y tiempos (pues actualmente sigue siendo un momento crucial para decenas de religiones y prácticas). La arquetípica dualidad que está simbolizada en todas las culturas hace del equinoccio de primavera un momento metafórico, donde se hacen presentes las clásicas dicotomías que más le han importado al ser humano: bien y mal, verdad y mentira… luz y oscuridad.

Ya que el equinoccio de primavera resuelve la dualidad luz-oscuridad con la victoria de la luz, no es de extrañar que sea un día ritual y sagrado en todo el mundo. Incluso en la práctica del yoga, el equinoccio es un día al que está dedicada una de las secuencias más importantes, llamada “saludo al Sol” o Surya Namaskar: una forma de honrar a la luz que nos ilumina, así como a nuestra propia luz interior, y que se practica desde hace más de 2 mil años.

Este día es además un momento donde, literalmente, podemos festejar el reverdecer de la naturaleza y los nuevos ciclos agrícolas. Es la bondadosa primavera, cuya etimología remite a lo que está en crecimiento, la estación que comienza en este momento de armonía. Es un momento poético donde la Tierra vuelve a ser niña, como dice el gran Rilke:

 

La primavera ha vuelto. La tierra es como una niña otra vez, que sabe poemas.

 

Y curiosamente, el equinoccio marca el inicio del zodiaco: el Sol ingresa al signo de Aries, que está asociado al fuego y al comienzo. Pero todo esto pasa en un hemisferio de la Tierra. En el otro, de hecho, el simbolismo es completamente opuesto: el sur se prepara para afrontar la muerte de un ciclo de la naturaleza.

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